lunes 31 de mayo de 2010

El último romántico novela de José Díaz Díaz



Acaba de ver la luz una novela del escritor colombiano José Díaz- Díaz y nos llega como una propuesta experimental de evidentísimo interés. A continuación puntualizo algunos de los aspectos que me impresionaron gratamente los cuales comparto con particular complacencia.

Un librero retirado narra las aventuras de un ingenuo y joven provinciano perdidamente enamorado del mundo de los libros quien dedica su corta vida a escribir una novela con la pretensión de que el éxito obtenido le otorgue sentido pleno a su caótica existencia.

Mientras los tiempos cambian, un exquisito y rebosado erotismo tropical va anudando las diversas secciones del entramado de las dos ficciones. La picardía criolla, la guasonería y el humor picante salpican las páginas del texto total conformando un escenario tragicómico donde todo va en serio y nada es serio, salvo las reflexiones puntuales sobre la inminente muerte de los libros de papel y el advenimiento de los libros digitales con el triunfo de la era de la Internet.

Escrita en un lenguaje coloquial unas veces y otras en un lenguaje depurado, la dramatización nos vapulea entre lo anodino y lo sublime, entre lo sencillo y lo profundo, todo ensamblado en el color local del pintoresco paisaje colombo-venezolano.

En compañía de su duende de cabecera, un enano inmortal, sabio y visionario, el protagonista, cándido antihéroe de pies a cabeza, atraviesa por un sinfín de episodios desde su niñez vivida en Manizales hasta su estado adulto, entre Bogotá y Caracas, en medio de patéticas experiencias y sobresaltos y también de reflexiones puntuales, que conjugan sentimientos como el miedo a la muerte y el amor desbocado por la literatura, con la crítica de la cultura de la sociedad de consumo. Desde la mágica mirada latinoamericana, y de su telúrica condición paradisíaca situada en la periferia del desarrollo y la civilización, sus personajes irradian ese ingenuo y peculiar modo de ubicarse e interpretar el mundo de hoy.

Y desde este mismo espacio primordial emergen chispazos de sabiduría donde lo vernáculo y autóctono se apropia de una elemental alegría local para emular los rezagos a ultranza de la actitud romántica de la vida provinciana. Allí, su personaje central será el símbolo del último romántico.

En el plano ético compara los cánones del romanticismo histórico con la vulgarización y pérdida del refinamiento del hombre de hoy. La tesis del padre del romanticismo francés, Víctor Hugo: “ ¿Quién que es no es romántico?” le sirve de puerta de entrada para centrar a su actor principal en la validez de su periplo. Dos fábulas ocupan la obra en cuestión. La fábula mayor, la que cuenta el librero, se desarrolla durante la segunda mitad del siglo XX lo que le permite evocar con melancolía simulada las características de las costumbres culturales antes del advenimiento desbocado de la globalización, de la tecnología y del reinado de la Internet. El personaje vive el desgarramiento de unos hábitos culturales signados por la influencia de la lectura de libros de papel y la inesperada irrupción de la era digital. La fábula menor, la que escribe el protagonista Gerardo Antonio, se desarrolla a partir de la segunda mitad del siglo XIX lo cual le permite al autor remitirse a la conjunción histórica hispano-americana. Un vocabulario decimonónico se apropia de las descripciones que corresponden a esta parte de la novela.

En el campo de la crítica social, que transcurre a través de toda la obra, es pertinente traer a colación la alegoría de los mendigos y desamparados ( página 151) que deambulan por la ciudad de Bogotá como mancha que delata la doble moral que pretende sobreponer la imagen a la realidad, la apariencia a la verdad.
La narración permite varios tipos de lectura que va desde lo elemental para el lector bisoño y común hasta lo erudito para el lector avezado. De signo híbrido y multisémico, será el lector activo quien cargará con el trabajo de decodificar el sentido del supuesto caos y cosmos que subyace a lo largo de la doble narración, que soporta varias voces y planos justamente para enfatizar la pluralidad de significaciones y sentidos.

Con ese sustrato poético que respira la obra a lo largo de sus páginas, la novela logra un tono literario tanto en la universalidad de los temas que propone, hasta en el tratamiento de los personajes que verbalizan con transparencia la expresión de sus conciencias, en el vocabulario propio de su habla regional llegando a veces a los límites de la jerga (ver en el capítulo 30 el diálogo entre Ernesto el guajiro y Oscar el uruguayo)
La psicología de algunos de sus héroes y antihéroes (la relación lésbica de Elizabeth, por ejemplo) confeccionan caracteres que deambulan entre lo definido lo dubitativo, entre lo sesgado y lo híbrido, remitiendo a un contexto sociológico de tolerancia y permisividad que supera y se antepone a actitudes fundamentalistas y dogmáticas o verticales y autoritarias que todavía persisten en el entorno real de hoy.

El rebosado erotismo tropical va anudando los diversos capítulos del entramado de las dos ficciones, la que escribe Rubén Eduardo( el librero, el actor de carácter) y la que escribe Gerardo Antonio( el actor de la liviandad dionisiaca) como cantos a la vida que reconfortan el simple hecho de vivir. La sensualidad inmersa a lo largo del discurso es como el bálsamo que ayuda a trascender las verticales preguntas existenciales sin respuestas y los oscuros vericuetos de sus psiques escindidas que sufren los actores. Y algunas palabras inventadas más allá del diccionario exaltan la creatividad del eros, como una forma de mostrar el desbordamiento de la conciencia sobre el lenguaje.

No menos importante es el rol que se le concede a la mujer en el ensamble de las connotaciones de la saga. Entre otras cosas, los varones terminan siendo los débiles y las mujeres las fuertes, las mejor dotadas para sobrellevar la carga del destino. De hecho, el personaje principal luce inseguro y confundido (ver pag.72) en una clara alusión al falso machismo y en puntual exaltación del yo desexualizado, andrógino. También, el santoral femenino católico hace presencia reiterada con sus santas patronas que protegen a sus habitantes, desde los extramuros de las ciudades. Es evidente que se quiere enfatizar la religiosidad inherente a esas comunidades. En otro segmente del relato, Elizabeth, madre de Gerardo Antonio, retoma el doble rol de madre-padre, (página 51), aniquilando el rol masculino. Lisandra, la mujer del protagonista, es la hembra poseedora del poder de la sobrevivencia y de la fortaleza maternal que conjura todo peligro. Ella es el camino para recuperar lo esencial y original de toda convivencia por el despojo de lo superfluo sobre lo útil y práctico. Ella materializa el imperio de lo instintivo sobre la indecisión de toda conducta elaborada. Mara es el epítome de la bondad. Eugenia es la creativa literaria de la jácara quien le apuesta, hasta las últimas consecuencias, su porvenir a revivir el mito de la eterna juventud a través del teatro. La ternura de Sarah la lleva a redimir a su victimario, condolida por el sufrimiento de éste. Al respecto dice: “ Sin embargo, tengo miedo de que me pueda enamorar de Koichi, por esa mirada triste e infantil siempre en su rostro estoy segura de que me ama, y a mí me da temor de aceptarlo así como es ya que me produce más lástima que enfado. Indaga tú letrado sabelotodo, en los abismos del corazón.” (Página 132)

La simbología que envuelve la trama en su totalidad, es la metáfora de la decadencia, territorio en el cual son los enanos (sarcásticamente los más pequeños y superdotados) los portadores del estandarte de la paz y la convivencia. Luciano el liliputiense, quien asume como visionario y superhombre, como mago y duende, como personaje real y ficticio a la vez, es el paradigma que recoge la parábola de la historia. En él se conjugan la grandeza y la miseria de los ideales del protagonista.

El último romántico, se desarrolla dentro de los rasgos de la postmodernidad, marcadamente influenciada por el uso de las técnicas de la narrativa contemporánea. La construcción del texto total se pliega y expande obedeciendo a una sintaxis de desbordamiento, a una urdiembre polisémica, en contravía de la linealidad de la narrativa tradicional. Cabalgando entre reflexión y narración, lo caótico, ambiguo y contradictorio se enfrentan a lo lógico y formal. Todo es incierto, los personajes principales son en extremo inseguros. El argumento central parece, a veces, diluirse para abandonarnos en anécdotas sesgadas con la intención de que sean degustadas estéticamente en sí mismas. El proceso creativo de la fábula menor o segunda novela es descrito de manera que asistimos y participamos de ese parto literario. Maneja a su manera, los tiempos, el flash back, el monólogo, el fluir de conciencia.

Trabaja el leitmotiv para reafirmar la coherencia argumental y conceptual como es el caso del avance reiterativo de los párrafos del relato que escribe Gerardo Antonio; de los sueños recurrentes, de las constantes apariciones del enano, del olor a sándalo que sustituye la presencia de la madre y de las siete muertes ficticias del protagonista. A todas estas, el tema de la muerte acecha las aventuras del personaje central en todo momento, muriendo varias veces mientras es seducido por el fantasma de la inmortalidad.

Esta metaficción que se asume como tal ya que no pretende ser histórica cien por cien ni tampoco fábula totalmente, con alusión a personajes reales, con su cronología y fechas la mayoría exactas, con la descripción de lugares fidedignos, con sus detalles de época, apela a la verosimilitud, y a la credibilidad de la saga. Le hace un guiño al lector para que comparta los códigos del juego y se entregue como cómplice activo a una lectura de secretos compartidos que los llevarán por caminos zigzagueantes y antinómicos entre lo intelectual y lo emotivo, entre lo poético y lo racional, gracias a la fuerza virtual del lenguaje. También inserta en sus páginas un collage de géneros literarios que van desde el Ensayo a la obra de Teatro y la Poesía; y desde el discurso y la declamación, a la comunicación epistolar, las canciones, y los e-mail. Utiliza el recurso de los diferentes planos y niveles de narración, ya en primera persona ya en tercera y de las distintas voces, que penetran el hilo narrativo sin aviso previo. Aplica la herramienta del Intertexto y hace uso del recurso de inmiscuir la literatura en la literatura, involucrando, por ejemplo, pasajes de Calderón de la Barca o de León de Greiff, etc. para enhebrar las emociones y sentimientos de su protagonista o de reafirmar sus postulados con los correspondientes de aquellos clásicos.

La opción por el recurso de la novela con final abierto, en el cual Ramón José es disparado de la realidad intertextual hacia el futuro en la realidad histórica; y del cuento en el cuento, con el salto y la concatenación o el encabalgamiento y la convergencia de los personajes de uno en el otro, constituyen una muestra del juego teórico entre lo real y lo virtual que novelan y ficcionan la Historia real para conseguir esa atmósfera de un mundo postmoderno a la vez que absurdo. Un aire surrealista entendido como prolongación permanente del romanticismo acompaña el escenario a lo largo de todo el manuscrito.

La reflexión misma sobre el arte de escribir, el ejercicio acompasado de borrar o corregir el texto en el instante de su creación nos empuja a deducir que la única realidad es el texto en sí. Por todo esto, repito, la parodia de la novela dentro de la novela, con sus personajes de carácter en ambas, Gerardo Antonio en la primera y Ramón en la segunda; y con sus comediantes de cabecera Luciano en la primera y Roselino en la segunda, ensamblan la metáfora perfecta de la contradicción central de nuestro tiempo.

Debo terminar diciendo que su lectura engancha con facilidad al lector y lo induce más de una vez a clímax hilarantes bajo el telón del frondoso paisaje latinoamericano, en ocasiones donde la comunicación logra trasmutar verbo en vivencia.

John Jairo Palomino
Revista Memoria Cultural
Miami, Mayo de 2010

domingo 2 de mayo de 2010

La Ley de la Infamia

La Ley SB1070 firmada por la gobernadora del estado de Arizona Jan Brewer, que criminaliza la migración indocumentada y faculta a la policía local ejercer labores de migración federal, es una infamia, promueve el odio racial y traiciona los ideales originales con los cuales la nación estadounidense fue fundada. “La libertad y justicia para todos” que preconizan el juramento patriota de la bandera, quedan cuestionadas. Es injusto e inmoral perseguir y arrestar a quien busque refugio en tierras donde se gobierna con leyes y democracia. Estados Unidos de America como nación forjada por inmigrantes tiene una deuda impagable con la historia, al iniciar una guerra en su propio territorio contra inmigrantes indocumentados, indefensos, humilla y ofende al mundo civilizado. No podemos aspirar a que Dios siga bendiciendo a America, (God Bless America), si los estadounidenses, olvidan la compasión y la solidaridad, sentimientos inherentes a su historia y a los valores establecidos.
Al acogerse a las razones xenofóbicas inspiradas en la “paradoja del Señor Joe Arpaio”, alguacil de Maricopa, una de las principales ciudades de Arizona, “un hombre hijo de inmigrantes, que se casó con una mujer inmigrante, y que persigue y humilla a los inmigrantes en nombre de la ley y la justicia”, Estados Unidos está a las puertas de revivir las pesadillas de la lucha por los derechos civiles que libró la comunidad afroamericana en el siglo pasado, una minoría que salió airosa y que para la época era de 20 millones. Los hispanos en Estados Unidos ya estamos cerca de los cincuenta millones, algunos son astronautas, otros científicos, escritores, deportistas, artistas, politicos y la mayoría gente trabajadora que paga impuestos. La batalla va a ser larga y difícil pero como siempre esperamos, se impondrá la sensatez.

Estrella del Norte

Venimos abrazando nuestros sueños,
como los viajeros orientados por la estrella del norte
seguimos la luz,
donde alumbra el porvenir y el cielo es mas azul.
Venimos por el desierto con el sol a cuestas
y no nos vencerá la sed.
Nuestros pasos caminan por donde otros pasos sangraron
y marcaron la ruta.
Cruzamos el mar en frágiles balsas y veleros
que las tormentas destruyen,
pero pueden mas nuestros deseos de vivir y soñar.
Disfrazados de turistas llegamos por el aire,
nuestras valijas son sueños y esperanzas.
Esta es nuestra epopeya: que alguien la cante,
que alguien la escriba.
Ayer llegaron viajeros de otros mares y quemaron sus barcas,
también llegaron peregrinos buscando una nueva fe.
Hoy nosotros los desterrados del sur también llegamos.
Somos tantos, somos millones, somos legión.
¿Quien podrá derrotar las multitudes ciegas de esperanzas?
¿Quien podrá humillar a quien ya no tiene miedo?
Si perdimos nuestras tierras, no estamos dispuestos
a perder nuestros sueños.
Orientados por la estrella del norte
llegamos aquí para soñar.

JJPalomino

Poema sobre el exilio USA 2010

domingo 15 de noviembre de 2009

jueves 29 de octubre de 2009

"Somos tierra fácil para el olvido"


En el sepelio del doctor Héctor Abab Gómez en el año 1987, el escritor Manuel Mejía Vallejo amigo y coterráneo del médico asesinado, en un sentido discurso no solo recordó la calidad humana del médico antioqueño, desaparecido sino que también fustigo una sociedad colombiana de rodillas antes sus verdugos: Somos tierras fácil para el olvido de lo que más queremos. La vida, aquí, están convirtiéndola en el peor espanto. Y llegará ese olvido y será como un monstruo que todo lo arrasa, y tampoco de tu nombre tendrán memoria.
Este trágico episodio en la vida del escritor Héctor Abad Faciolince, sirvió de inspiración para la novela “El olvido que seremos”. La muerte de su padre a manos de un joven sicario en Medellín, ciudad la cual el médico Abad Gómez dedico toda su vida y su profesión. Llama la atención el idioma coloquial y las acertadas descripciones de carácter doméstico, el contenido poético de algunos recuerdos. Sin duda alguna uno de los grandes logros de la obra, sumados a su valor histórico y social. La constante denuncia, de una sociedad hipócrita y temerosa, por consiguiente cómplice por acción y omisión, aferrada a la fe católica, parar exculparse. Una iglesia católica hasta los últimos días enemiga del médico Abab que por orden del cardenal López Trujillo como lo relata en el capitulo treinta y uno, prohíbe que en la iglesia de Santa Teresita, parroquia desde siempre de los Abad Faciolince, se le hiciera la misa de difuntos, aunque horas antes desde los medios de comunicación el mismo cardenal se solidarizara con la familia y les recomendara resignación cristiana.
Los asesinatos de defensores de los derechos humanos por parte de los paramilitares en complicidad con algunos organismos del estado colombiano son denunciados valientemente por el escritor Héctor Abad en la novela El olvido que seremos, testimonio de una época de impunidad y represión. “Somos tierra de cafres” acuno una vez el brillante político y pensador colombiano, Darío Echandía “Somos tierra fácil para el olvido” como lo dijo el escritor Manuel Mejía Vallejo.

miércoles 23 de septiembre de 2009

Me gusta - Poema

Me gusta

A: Paloma

Me gusta llegar a casa
en la noche
llamarte y que no respondas
jugar a buscarte
a que soy un ladrón,
adivinar el camino
de tus pies desnudos
sobre la alfombra.
Me gusta jugar
a encontrarte escondida
a que te asalto,
a que te rindes y no,
a que muerdo y devoro tus labios,
a que te entregas vencida.
Que con tu vestido
de miedo te cubras la cara.
Me gusta jugar a desnudarte,
despojarte lentamente de todo
y hacer inventario de mi botín.
Oler y besar tus prendas más diminutas
y llevarlas a mi bolsillo.
Saborear sin prisa
el dulce anís de tus axilas.
Me gusta levantarte por el aire
y hacerte el amor de pie.
Que tus manos se aferren
a mis hombros,tus piernas a mi talle,
y tus brazos vuelen y aleteen.
Me gusta jugar
a que te crucifico.
que tu cuerpo tembloroso
quede atrapado
entre mi cuerpo y la pared.
JJPalomino

Poema publicado en el segundo número de la revista mejicana Roja Turbación